Mamíferos extraordinarios y virus. Reivindicando a los murciélagos en tiempos de pandemia

Andrés Felipe Suárez Castro y Danny Rojas – Sociedad Colombiana de Mastozoología

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Los murciélagos son animales extraordinarios. Son los únicos mamíferos que pueden volar y encontrar su alimento de noche con un sistema de sonar llamado ecolocalización. Son además un componente esencial de los ecosistemas terrestres, ya que actúan como polinizadores, dispersores de semillas  y controladores de poblaciones de artrópodos y pequeños vertebrados. A pesar de esto, los murciélagos son percibidos negativamente por una gran parte de la sociedad occidental, ya sea por el retrato que se hace de ellos en los medios de comunicación, las historias de terror o simplemente porque tememos lo desconocido. Esta situación se ha agravado  en estos tiempos de coronavirus y no es extraño ver reportajes que fomentan la percepción negativa que las personas tienen sobre los murciélagos.

Es por ello que en esta entrada, presentamos algunos datos relevantes que buscan reivindicar a los murciélagos como seres fascinantes. Además, compartimos una reflexión sobre por qué no debemos estigmatizar a los murciélagos por causa de la expansión del COVID 19.

Colombia es uno de los países más ricos en diversidad de murciélagos

En el mundo existen más de 1420 especies de murciélagos, de las cuales 209 han sido registradas en Colombia, país que solo es superado por Indonesia en términos de diversidad de especies. Aunque muchos asocian a los murciélagos con animales “vampiros”, lo cierto es que solo tres especies consumen sangre. La alta diversidad de este grupo se refleja en una impresionante variedad de formas y adaptaciones. Varias investigaciones recientes han ayudado a incrementar nuestro conocimiento sobre la riqueza de este grupo de fauna en el país, pero lo cierto es que aún nos quedan muchas especies por descubrir y registrar.

Diferentes especies de murciélagos neotropicales. Anoura geoffroyi, Artibeus lituratus, Phyllostomus hastatus,  Tonatia saurophila (AF Suárez Castro); Cyttarops alecto, Lonchorrhina marinkellei, L. orinocensis, Micronycteris megalotis (DM Morales-Martínez); Vampyressa sinchi (HE Ramírez-Chaves).

Los murciélagos son magníficos prestadores de servicios ecosistémicos

Se ha reportado que los murciélagos polinizan las flores y dispersan las semillas de más de 500 especies de plantas, muchas de ellas de alta importancia ecológica, económica y cultural como los yarumos, totumos, balsos, algunos plátanos, mangos, las guayabas y el agave (la fuente del tequila). 

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Los murciélagos también son “reparadores de bosques”. Las especies que consumen frutas viajan largas distancias gracias al vuelo, muchas veces incursionado en áreas abiertas cerca a los bordes de los bosques, donde dispersan semillas de plantas que favorecen  la regeneración de la vegetación. 

Por otro lado, los murciélagos insectívoros pueden consumir el equivalente a su peso en artrópodos cada noche. Entre sus presas se incluyen mosquitos portadores del Zika, el dengue o la malaria, así como plagas que pueden afectar varios cultivos. En Estados Unidos, se ha estimado que la importancia económica de los murciélagos controladores de plagas asciende a 23 mil millones de dólares por año.

También tienen el potencial de ayudar en la medicina. Incluso la saliva de una de las especies de murciélago que consume sangre tiene una enzima que posterior al procesamiento de laboratorio, puede ayudar a personas con accidentes cardiovasculares

Los murciélagos se ajustan continuamente a cambios drásticos de temperatura

Cuando vuelan, los murciélagos aumentan la velocidad de su metabolismo de tal manera que su temperatura corporal se asemeja a la de otros mamíferos que tienen fiebre. Volar requiere tanta energía que las tasas metabólicas de los murciélagos pueden incrementar hasta 34 veces comparada a la temperatura de descanso. Es por esto que varios investigadores han propuesto que el vuelo protege a los murciélagos de varias enfermedades al incrementar su respuesta inmune (de la misma manera que la fiebre actúa en otros mamíferos). Para mantenerse frescos, los murciélagos utilizan diferentes estrategias que incluyen lamerse el pelo para simular sudor y jadear como lo hacen los perros. Además, las alas presentan una alta irrigación de vasos sanguíneos, lo que ayuda a disipar el calor de manera más eficiente. También se ha postulado que los hábitos nocturnos de muchas especies pueden ser una ventaja para combatir el calor. En los millones de años de convivencia, los murciélagos han desarrollado un sistema inmune que evita que se enfermen por los virus que portan en su organismo. Es por ello que estudiar el sistema inmune de estos mamíferos voladores puede tener implicaciones positivas para la salud humana.

Los murciélagos guardan los secretos de la longevidad en mamíferos

Muchos murciélagos son pequeños y tienen metabolismos rápidos, pero se reproducen lentamente y viven largo tiempo. En los mamíferos la longevidad se encuentra generalmente correlacionada con el tamaño del cuerpo, por lo que las especies grandes tienden a vivir más que las especies pequeñas. Sin embargo, los murciélagos viven bastante si se toma en cuenta su tamaño corporal. Algunas especies pueden vivir hasta 40 años, ocho veces más que otros mamíferos de tamaño similar. Es posible que la longevidad se relacione con la capacidad de muchas especies para controlar su temperatura y su ritmo metabólico, por lo que los murciélagos han sido utilizados como modelo para estudiar la longevidad.

Los murciélagos y los virus

Se conoce que varias especies de murciélagos portan virus zoonóticos, es decir, virus que podrían provocar enfermedades en las poblaciones humanas. Sin embargo, los murciélagos no tienen más virus en su interior que cualquier otro grupo de mamíferos o de aves. De hecho, los roedores y los artiodáctilos (p. ej., cerdos, cabras, vacas, entre otros) portan mayor diversidad de virus zoonóticos que los murciélagosLos riesgos de adquirir un virus zoonótico desde un murciélago o cualquier otro animal se dan cuando las personas, de manera deliberada y, en ocasiones, irresponsable, interactuamos con la fauna silvestre sin la experticia o las medidas de cuidado necesarias.

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Murciélagos y coronavirus

El origen del coronavirus que ha causado la pandemia COVID-19, y que los científicos han nombrado SARS-CoV-2, sigue siendo un misterio. Los medios de difusión han hecho eco a dos grandes hipótesis: el virus se creó en un laboratorio (o se escapó de un laboratorio donde lo estaban estudiando) o el virus fue transmitido por murciélagos. Ninguna de estas hipótesis se sostiene sobre el escrutinio más riguroso posible de las evidencias que tenemos disponibles. Sobre el porqué es prácticamente imposible que SARS-CoV-2 se haya sintetizado en un laboratorio, se puede consultar, por ejemplo, el blog del laboratorio de virología del Dr. Benhur Lee.

En cuanto a que el origen de SARS-CoV-2 está en los murciélagos, lo cierto es que no lo sabemos. Los murciélagos, como muchos otros animales, tienen distintos tipos de coronavirus, pero específicamente SARS-CoV-2 no se ha aislado de ninguna de las especies de murciélagos que se han estudiado. Hasta donde sabemos, ese virus se encuentra solamente en humanos, no en murciélagos ni en ningún otro animal, y somos los humanos los que enfermamos de COVID-19 a otros humanos. En una especie asiática de murciélago, Rhinolophus affinis, se encontró un coronavirus cuyo genoma (el material genético que codifica lo que el virus puede hacer) tiene un 96 % de similitud con SARS-CoV-2. ¿Significa que esa especie de murciélago es responsable del COVID-19? No. El virus que se encontró en esa especie de murciélago asiático no es SARS-CoV-2. Para contextualizar esto, podemos comparar nuestro genoma y el de los chimpancés que comparten un 96 % de similaridad, pero nadie diría que los chimpancés y los humanos somos la misma especie.

Para que el SARS-CoV-2 se hubiera transmitido a los humanos a partir de otra especie de mamífero (quizás un murciélago, pero no lo sabemos), incluso por medio de un intermediario, el virus debió haber vencido todas las barreras entre especies y entrar en contacto con los humanos. Con la deforestación, la ganadería intensiva, la caza furtiva y el comercio de fauna silvestre, los humanos estamos rompiendo las barreras que evitan que los virus zoonóticos pasen a nosotros y nos enfermen.

Matar a los murciélagos, como tristemente se ha hecho con varias colonias en varias partes del mundo, no va a detener la epidemia de COVID-19 ni va a evitar nuevas epidemias. Para evitar nuevas epidemias de origen zoonótico debemos dejar de destruir los hábitats y debemos controlar el comercio de fauna silvestre. Además, debemos proteger y estudiar a los murciélagos. En ellos no solo podríamos encontrar la clave de la longevidad, sino también la información que nos permita combatir varias enfermedades infecciosas. Los bosques y las noches del planeta no serían los mismos si provocamos la desaparición de estos aliados nocturnos.

 

Agradecemos a  Miguel E. Rodriguez-Posada, Héctor Ramírez-Chaves, Darwin Morales y Danny Zurc por sus aportes y comentarios al texto.

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